Múltiples formas de doblar un papel (2020)
Poema disecado para sintáxis obsoleta

Multiple ways to fold a paper (2020)

Dissected poem for an obsolete syntax

Procedural Modelling.

Ir por la calle y de pronto, tras un pitazo de un tsuru viejo, caer en cuenta que vas por la calle.
Supones que es medio día o algo así porque el jodido calor es insoportable al igual que la pinche cantidad de gente caminando a lado de ti. De lo que estás seguro es que no pasan de las 3 pm porque el viejito que vende dulces, paletas de hielo y cigarros en la esquina de Constitución y Héroes de la Independencia aún está ahí; sentado en su banquito de madera mirando con atención la puerta de la primaria esa que está pintada de un color que nunca has sabido bien si es verde o amarillo...
Como si además importara distinguir de qué color exacto se trata; de todos modos, desde que recuerdas haberle puesto atención, la pared ha estado llena de grietas y graffitis.


Detenerte y de pronto, reconocer el aroma inconfundible del puesto de tortas gigantes que está justo en la contraesquina. Sientes un ligero y cuasi autónomo impulso por dirigirte hacia allá, recargarte en la barrita de metal y pronunciar con cierta impaciencia: “me da una cubana con todo porfavor”. Ese breve instante te ha dado un mínimo alivio; fugaz pero reconfortante.


Decides seguir caminando sobre Constitución a un ritmo constante; entre caminando y trote ligero. A tu paso vas volteando a los lados de manera casi automática como si de verdad te importara lo que sucede a tu alrededor, aunque en realidad tu mente está en blanco; bueno en gris mejor dicho.


Después de unos 20 minutos de trayectoria recta (con sus debidos “altos” y “sigas”) comienza a sentir hambre y por supuesto, el primer pensamiento que pasa por tu cabeza es el de “debí haberme comprado la pinche torta”. Ahora estás llegando casi al Boulevard donde comienza la Colonia Chapultepec, ahí donde justo no hay locales ni nada para comer. Decides seguir tu recorrido, ese que no sabes en realidad ni a qué hora ni donde comenzó y del que no tienes ni puta idea de porque lo estás haciendo, pero como decía, decides continuarlo.


Han pasado unos 30 minutos desde que cruzaste el Boulevard y ahora estás entrando a los linderos de la Bella Vista. Pasas por un negocio informal de películas piratas y de reojo alcanzas a ver que en el monitor está el inicio de Guardianes de la Galaxia 2; con el pequeño árbol bailando mientras el desastre sucede detrás de él sin que lo note. Este momento te genera una leve pero reconfortante risa y por un instante tu mente se pinta azul. Esos instantes son realmente un oasis y has aprendido a valorarlos; cualquier cosa que eso signifique.


La risa (que ha durado al menos unos 3 segundos) te da un poco de ánimos y caminas ahora con más vivacidad. Y así, más vivaz, llegas hasta la mini plaza 15 de Septiembre. Decides entrar y lo primero que notas es a la chica que atiende el negocio de joyería: silueta delgada, pelo negro largo, tez clara y ojos cafes particularmente grandes y ovalados. Escuchas la música que se forma de la combinación de la música que viene de todos los comercios abiertos y en tu cabeza empiezas a imaginar….
Te detienes.
-¡No de nuevo!
Una punzada en la región posterior de tu cabeza.
“Está bien va a pasar rápido” te dices a ti mismo y continuas caminando no sin el mareo usual que acompaña a ese particular malestar.


Y es cuando caes en la cuenta (cual momento de iluminación) de que eso precisamente ha sido la causa real de toda esta situación: imaginar. En ese momento el mareo se vuelve más intenso y comienzas a sentir cosquillas en tus manos y brazos por lo que decides salir de ahí cuanto antes y llegar a algún lugar lo más vacío de gente posible.

Estás bastante ofuscado y tras el pitazo de un tsuru (no tan viejo) que te pasa bastante cerca, suspendes momentáneamente tu huída. Aunque ya estás acostumbrado a estas circunstancias, hoy en especial se siente mucho más intensa o la verdad es que ya no sabes diferenciar bien... la verdad es que ya no recuerdas.


El insoportable malestar en tu cabeza es acompañado de un melodioso y finamente entonado súbale! subale! que te produce un zumbido curioso en el oído izquierdo y unos 3 segundos después estás a punto de quedar inhabilitado por la taquicardia descontrolada y la presión asfixiante en tu pecho. Con esta es la quinta o sexta vez que te sucede en la semana. La sexta creo.


“Está bien, se me pasará en un rato” te repites cada 10 o 15 segundos a modo de mantra y no mucho después encuentras una banca de concreto donde recostarte. Fría y gris.


Ahora seguro pasan de las 7 pm, lo sabes porque está empezando a oscurecer. Cierras los ojos, los abres, los cierras de nuevo y los vuelves a abrir. Metes por puro impulso tu mano a la bolsa derecha de tu pantalón y sacas una hoja de papel que encuentras ahí. Tienes la leve intuición de que la pusiste tú mismo aunque en realidad no lo recuerdas, todo es tan borroso y decides no pensar; después de todo, querer recordar es otra forma de “imaginar” y ya te diste cuenta que “imaginar” fue lo que te puso precisamente aquí.


El papel está bastante desgastado; como si hubiera estado ahí durante mucho tiempo y como si se hubiera doblado y desdoblado infinidad de veces; como si alguien lo hubiera metido ahí con prisa y se hubiera olvidado de él. Como si tú lo hubieras metido ahí con prisa y te hubieras olvidado de él; una y otra y otra y otra vez.


Sosteniéndolo con tu mano derecha, lo observas detenidamente. Sientes curiosidad intensa y una disposición por ver lo que está escrito (si es que hay algo escrito) pero al mismo tiempo una sensación de aversión te impide decidirte a desdoblarlo de una vez.


Y de pronto, el pitazo de un tsuru viejo.

[dis(0)]

[tan(1)]

[*void]

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